El Dilema de las Plazas vacantes sin cubrir o la victoria del ‘No, Ministro'»

Espejismo burocrático o éxito administrativo.

Hoy 9 de febrero, los quioscos y las pantallas se levantan con un titular de ABC que ha hecho saltar todas las alarmas en la Función Pública: «Patinazo en la mayor convocatoria de empleo de la historia». El dato es, cuanto menos, escalofriante para la eficiencia del Estado: más de la mitad de las plazas ofertadas en los últimos años han quedado desiertas.

Pero el problema no es solo que las plazas no se llenen; es que, según los sindicatos, la oferta en sí misma es un castillo de naipes. Organizaciones como FAC-USO han puesto el grito en el cielo ante la OEP de 2025, calificándola de «paso atrás». Los números no mienten, aunque el Gobierno intente maquillarlos:

  • El déficit de reposición: De las 36.588 plazas propuestas, se estima que 26.000 se perderán por el sumidero de las jubilaciones. Es decir, el «refuerzo» neto es apenas un parche para un trasatlántico que hace aguas.
  • Menos que ayer: Frente a las más de 40.000 plazas de 2024, la oferta actual es un retroceso que ignora las necesidades reales de una administración envejecida.
  • Exclusión y precariedad: Se denuncia la discriminación del personal laboral en el exterior y un sistema que, lejos de atraer talento, parece diseñado para expulsarlo.

Ante este panorama, surge la gran pregunta: ¿Es esto un error de cálculo o una estrategia magistralmente ejecutada? Para entender cómo una oferta récord termina en un desierto de vacantes, debemos alejarnos de la fría estadística y entrar en los despachos donde se decide el destino del Reino.

Como diría Sir Humphrey Appleby, «Ministro, los datos no están para ser entendidos, sino para ser gestionados».

«Es la excelencia, Ministro. Pocos la alcanzan.»

En la superficie, el titular de ABC parece un desastre administrativo: el 50% de las plazas de la mayor oferta de empleo de la historia han quedado desiertas. Pero, si nos ponemos las gafas de Sir Humphrey Appleby, descubriremos que quizá el «fracaso» es, en realidad, un éxito rotundo… dependiendo de para quién, claro.

Imaginemos en los pasillos del Ministerio, la conversación entre el Ministro y su Secretario Permanente… algo así:

  • Ministro: (Lanzando el periódico) — ¡Sir Humphrey! ¡Explíqueme esto! He anunciado 40.000 plazas, ¡la mayor oferta de la historia! ¡El pueblo debería estar vitoreándome en las calles por reforzar el Estado!
  • Sir Humphrey: (Con una sonrisa gélida) — Una cifra impresionante, Ministro. «Valiente», diría yo. Casi temeraria.
  • Ministro: —¿Temeraria? ¡Es empleo público! ¡Es inversión en capital humano! ¡Es el «Factor Escrivá»!
  • Sir Humphrey: — Precisamente. Pero verá, Ministro, si cubriéramos las 40.000 plazas de golpe, correríamos el riesgo de que la Administración empezara a funcionar con una velocidad… alarmante. Imagínese: expedientes resueltos en una semana, ciudadanos sin quejas… Perderíamos nuestra mística. Un Estado eficiente es un Estado que ya no necesita al Estado.
  • Ministro: — ¡Cómo! ¡Pero si la mitad han quedado vacantes! El titular dice «Patinazo». ¿Es que el proceso ha sido… demasiado riguroso?
  • Sir Humphrey: — Oh, no, Ministro. Digamos que hemos buscado la «Excelencia Selectiva». Los tribunales —miembros de la casa de toda la vida, gente de orden— han considerado que si un candidato no es capaz de recitar la ley de contratos en latín mientras desactiva una bomba lógica, quizá no sea el perfil «digital» que usted busca.
  • Ministro: — (Sospechando) — ¿No será que usted dio instrucciones de endurecer las pruebas para que no tuviéramos que pagar esos 40.000 sueldos y cuadrar así el presupuesto de Hacienda?
  • Sir Humphrey: — Ministro, me ofende. Yo solo me aseguré de que el nivel de los exámenes fuera tan alto que ni siquiera los que redactaron las leyes pudieran aprobarlos. Es una forma de… control de calidad presupuestario.
  • Ministro: — ¿Y qué les digo ahora a los sindicatos y a la prensa?
  • Sir Humphrey: — Lo de siempre, Ministro. Utilice el manual: «Estamos analizando los datos para implementar una reingeniería estratégica de los procesos selectivos en aras de una resiliencia administrativa».
  • Ministro: — ¿Y eso qué significa?
  • Sir Humphrey: — Significa que no tenemos ni idea de qué ha pasado, pero que no pensamos cambiar nada hasta 2029.
  • Ministro: — (Suspirando, aliviado) — Bien. Sí, suena muy profesional. Gracias, Humphrey.
  • Sir Humphrey: — A usted, Ministro.

Al final, lo que el ABC llama un «patinazo», en los pasillos de la alta burocracia se celebra como una obra maestra de la ingeniería política.

Si el Ministro quería ahorrar dinero sin admitir recortes, lo ha logrado: tiene el titular de la «Gran Oferta» pero se queda con el dinero en la caja. Si los altos funcionarios querían proteger su exclusividad, también han ganado: el «club» sigue cerrado para los mortales que no dominan el latín administrativo.

¿Qué nos queda?

  • Unos servicios públicos que seguirán funcionando con la agilidad de un elefante con reuma.
  • Unos opositores que se preguntan si están estudiando para servir al Estado o para descifrar el código Enigma.
  • Y la eterna lección de Si, Ministro: en la Administración, «complicar la solución es la forma más elegante de evitar el problema».

Así que, la próxima vez que veas una plaza vacante, no pienses que es un error. Piensa que es la «Excelencia Selectiva» en su máxima expresión. Sir Humphrey estaría orgulloso.

Acerca de Juan José Benítez Galindo

JUAN JOSE BENITEZ GALINDO Gestor de Servicios TIC
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